20090720

CONSIDERACIONES ESTRATÉGICAS SOBRE LAS LIBERACIONES DE LOS SECUESTRADOS

Domingo, Febrero 1 de 2009
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La liberación de los secuestrados por las FARC no es precisamente una acción humanitaria del grupo guerrillero, tal y como la izquierda recalcitrante del país lo ha intentado mostrar. De hecho, el manejo de las presentes liberaciones por parte del grupo insurgente trasciende en diferentes planos estratégicos, desde el político hasta el militar.
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El particular patrón de las liberaciones, divididas en tres grupos en diferentes partes del país y en diferentes días,[1] muestra, en el plano político, la intención de las FARC de demostrar su presencia en amplias y diversas zonas del territorio nacional. En el plano estratégico-militar la situación del mismo patrón de liberaciones puede ser un poco más compleja. La exigencia al gobierno nacional de detener las operaciones de la Fuerza Pública hasta por 36 horas en las zonas en las que la Misión Humanitaria recogerá a los secuestrados plantea serias vulnerabilidades y retos estratégicos. Aquí menciono tres de ellos: 1) La posibilidad de interrumpir la persecución de miembros del Secretariado y mandos medios del grupo guerrillero; 2) La posibilidad de crear corredores que puedan ser utilizados para introducir armas y demás pertrechos militares desde Venezuela; y 3) La posibilidad de abrir corredores de escape y/o aprovisionamiento (alimento, medicinas y municiones) a bloques guerrilleros asediados y rodeados desde hace meses por las Fuerzas Militares.
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La respuesta tanto política como militar del gobierno nacional es el eufemismo denominado “Cercos Humanitarios”. Los secuestrados liberados en ocasiones anteriores lo confirman: la presencia y la acción de las Fuerzas Militares entorno a las zonas de liberación es bastante intensa. Y debe serlo. La presión que ejerce el aparato militar del Estado desde los cercos militares (“humanitarios”) debe ser fuerte y continua para neutralizar cualquiera de las vulnerabilidades y retos estratégicos en el plano militar anteriormente descritos. Así es la guerra, que no se nos olvide que estamos en una. Sin embargo, la interrupción de las actividades militares en las zonas designadas por el Comité Internacional de la Cruz Roja debe cumplirse, pues cualquier acción militar al interior de estas zonas puede ocasionar que el CICR simplemente detenga (y con razón) el proceso de liberación para resguardar la seguridad de sus oficiales comisionados.
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Aún más, en el plano político los “Cercos Humanitarios” cumplen otra función muy importante: deben mostrar el poder del Estado colombiano. Colombia es un Estado en construcción que recientemente ha emprendido los procesos de controlar la totalidad del territorio nacional, someter a terceros armados y consolidar el monopolio de la fuerza.[2] Rodear, dominar y ejercer presión militar sobre los cercos es la forma con la cual el gobierno colombiano demuestra que está venciendo militarmente a las FARC, al tiempo que evidencia la ficción de una presencia amplia y robusta del grupo guerrillero en el territorio nacional. Es un Estado defendiendo (o definiendo) su soberanía territorial. Es la Realpolitik de un Estado moderno en construcción.
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Como consideración final mencionaré dos cosas. La primera: Las FARC son las absolutas y únicas responsables de los secuestros, acto violatorio del derecho internacional humanitario, razón por la cual es imposible considerar las liberaciones como “actos humanitarios”, cosa que resulta absurda y es un despropósito. La segunda: El gobierno colombiano no debe pasar por alto el sufrimiento de las familias de los ciudadanos secuestrados, razón por la cual debe evitar un rescate a “sangre y fuego” o una presión desmedida sobre los “Cercos Humanitarios” tal y como quisiera la derecha recalcitrante del país. La encrucijada a la que se enfrenta el gobierno colombiano con las liberaciones de los secuestrados debe ser afrontada con la idea siempre presente de que sí queremos un Estado fuerte es para que nos otorgue protección y la posibilidad de una vida mejor.
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[1] Para ver en detalle los recorridos que realizará la Misión Humanitaria diríjase al siguiente vinculo de El Espectador.com:
http://static.elespectador.com/archivos/2009/01/fac5c153d7f08678890fa9e860fa7f59.jpg
[2] El emprendimiento de estos procesos es la función teórica del la Política de Seguridad Democrática.

20090718

PERSPECTIVA PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA POLÍTICA EXTERIOR

Domingo, enero 25 de marzo
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Hoy el mundo está atravesando por un profundo cambio en el que Estados Unidos ya no es el único gran poder y en el que algunos Estados se muestran propensos a “perseguir proyectos estratégicos que involucran la modificación de su estatus de poder, ya sea en términos locales o incluso globalmente.”[1] Por lo tanto hoy es necesario que Colombia interprete correctamente los cambios en la política internacional para poder comprender como moverse en un mundo cada vez más complejo.
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Es necesario que el Estado colombiano comience de inmediato a diseñar una política exterior a largo plazo que defienda sus intereses permanentes.[2] Construir una política exterior clara y con carácter es un paso indispensable tanto para la proyección de Colombia hacia el mundo así como para entender de manera autónoma las amenazas que surgen en contextos regionales y globales.
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En segunda instancia, es necesario que Colombia inicie cuanto antes un programa de rearme que lo dote con una fuerza disuasoria eficaz en un contexto de guerra simétrica interestatal. Debido a la debilidad histórica del Estado colombiano para abarcar y dominar todo su territorio, las Fuerzas Armadas de Colombia han evolucionado a partir de la particularidad de verse inmiscuidas en la seguridad interna casi por completo. De hecho, el gasto militar de Colombia se ha especializado en el conflicto interno debido a que la hipótesis de una guerra externa solía ser la menos apremiante para el país. Esta situación ha cambiado y hoy el Estado colombiano debe afrontar la posibilidad de una guerra interestatal derivada de la amenaza que representa el proyecto expansionista del gobierno revolucionario de la República Bolivariana de Venezuela.
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Las necesidades propias de la confrontación armada interna han hecho que Colombia sufra un enorme rezago en cuanto al equipamiento de las Fuerzas Armadas para su misión de defender el territorio nacional frente a amenazas externas. Además, también debido a las necesidades del conflicto interno, Colombia cuenta con poca presencia militar en amplios sectores de la frontera, lo cual amplia aún más sus márgenes de vulnerabilidad frente a cualquier ataque externo. Ya que los medios estatales se emplean hoy casi íntegramente en combatir las fuerzas irregulares, abrir un nuevo frente de batalla contra fuerzas regulares, sean de Venezuela, Ecuador o cualquier otro país, sería totalmente contrario a los intereses y deseos del gobierno colombiano.[3]
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Es por esta razón que de no adelantarse un programa de rearme en Colombia, para el momento en el que las obligaciones propias de la seguridad interna hayan cedido, el costo de la modernización de la defensa será la indefensión del territorio nacional.[4]
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El Estado colombiano no puede y no debe depender de su alianza con Estados Unidos para dotarse de una capacidad disuasoria efectiva. Estados Unidos, aunque sigue siendo el más grande poder internacional, ya no es el único y progresivamente verá multiplicarse el número de retos y amenazas a las cuales le debe hacer frente, esto al mismo tiempo que ha entrado en una etapa de debilidad derivada de la crisis financiera.
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Colombia debe empezar a comportarse como un Estado moderno en el sistema internacional, como un Estado que entiende que para defender sus intereses y proyectarse en el escenario internacional en un contexto cambiante y altamente inestable debe, como primera medida, diversificar rápidamente sus alianzas estratégicas y comerciales para no depender de Estados Unidos, país que puede verse en dificultades en el futuro para prestar asistencia a sus aliados. Además, diversificar y profundizar sus alianzas a nivel internacional, por ejemplo con Israel, Turquía, India y Japón, puede llegar a ser una medida eficaz para “neutralizar” las alianzas estratégicas de Venezuela con Rusia, China, Bielorrusia e Irán.
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Sí Colombia logra diversificar sus alianzas estratégicas y comerciales, adelantar un programa de rearme que lo dote de capacidad disuasoria frente amenazas externas en contextos de guerras simétricas interestatales y sí logra construir una política exterior a largo plazo que defienda sus intereses permanentes, entonces Colombia estará en condiciones para hacer una oposición desde la democracia al proyecto bolivariano de Venezuela y mantener así el equilibrio de poder en la región.
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[1] COSTA VAZ, Alcides, “El Conflicto Colombiano: una perspectiva global” en: Colombia y su Política Exterior en el Siglo XXI, FESCOL y Fondo Editorial Cerec, Pagina 4.
[2] “El propósito de constituir una Misión de Política Exterior surge de la ilusión, de la pretensión de trabajar una política exterior a largo plazo”, dijo el Canciller Bermúdez a los medios de comunicación. Aunque calificó como muy importantes las observaciones que pueda hacer esta misión, que es autónoma del gobierno, dijo que ésta sólo hará recomendaciones que Colombia puede o no acoger. Gobierno crea comisión asesora en relaciones exteriores, Semana, diciembre 9 de 2008:http://www.semana.com/noticias-relaciones-exteriores/gobierno-crea-comision-asesora-relaciones-exteriores/118589.aspx
[3] LÚCIO, Ridauto, Colombia, Ecuador y Venezuela: enseñanzas estratégicas de la crisis fronteriza, Real Instituto Elcano, ARI N° 6672008, junio 26 de 2008, Pagina 4.
[4] Fundación Seguridad y Democracia, “El Balance Militar en Suramérica”, en: Informe Especial 2008, Pagina 33.

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